Tomaba mis vitaminas y miraba por la ventana
para comprobar
si algo se movía fuera,
si los árboles bailaban,
si la vida discurría
ahí afuera,
tras las cortinas estampadas,
después del café, antes de la sopa, durante los intermedios de la serie de televisión

mis tardes eran melancólicas.
abría unos apuntes,
encendía la radio que hablaba de emociones eléctricas,
escribía cartas
y acariciaba el cristal, comprobando su resistencia, su protección,
evaluando las posibles consecuencias de la caída.

No me di cuenta hasta que crecí
de que nadie abrazaba los árboles,


de que los adultos soplaban a la vida
para enfriarla,

de los cristales infranqueables
Y me puse a vivir,
a apagar la radio,
a ir a la playa cargada de libros,

a quedarme a veces en casa con las persianas bajadas