El problema es reposar. Me lo dijo alguien ayer, al teléfono, bien alto, sin miedo. El problema es que llevo dos años moviéndome, con todas esas ideas confusas y sueños idiotas en mi cabecita. Que pesan. Y yo, venga a hacer maletas y a deshacerlas, y a encontrarme en habitaciones desnudas que de repente tengo que hacer mías. Y a perder temporalmente amigos, y relaciones. Y costumbres. Y otra mudanza, otro viaje, otra vez la emoción punzante de lo nuevo, y la nostalgia pegajosa de lo que se queda atrás, de momento o para siempre, nunca se sabe.
Lo hago porque quiero. Porque lo decidí en un momento indefinido, temprano, semiinconsciente. Quise ver el mundo, y no lo he visto tanto como querría aún. Me pesa la cabeza. Cada vez que rehago la mochila, que muevo mis bártulos, me parece que dejo mi proceso de maduración en pausa. Sin embargo, me encanta. Pero algo tengo que cambiar, porque no he tenido tiempo de pensar en lo que me ha pasado, ni de reflexionar sobre dónde quiero dar el siguiente paso.
Mi blog no acostumbra ser mi diario. Pero tampoco es ningún mural para escribir frases bonitas y que algún desconocido me alabe -yo sé que eso no me importa-. Sin embargo, cuando tienes la cabeza como un bombo sólo consigues sacar a la luz pensamientos pequeñitos. Estas frases inconexas son mías. Las pongo aquí para recordarme cosas a mí misma. Cosas que meto en una maleta constantemente, moviéndome, nerviosa. Que tienen que descansar aquí. Reposar, coger color y definirse. Decirme alguna verdad, ayudarme a saber dónde quiero dejar mi maleta. Por un tiempo.


Deja la maleta.Hazlo ya.Seguro que alguien te espera.
¿Ves como puedes hacerlo? Solamente había que picarte un poco y, mira tú por donde, me has hecho trizas al mostrarme un camino que hace años quise escoger pero todavía no hice mío, sea por vagancia, por cagancia, por ambas...
Quién sabe si, por no saber de ese mundo al que estás acostumbrada, yo acabaré igual, siendo incapaz de sentarse a ordenar mis pensamientos y sonsacarme algo que no sean más que cuatro palabras inconexas.
Lo que sí tengo seguro es que, en esa manera de vivir tan melodramática y llena de sensaciones -al estilo Beriain- siempre habrá algún gilipollas que no conocemos de nada dispuesto a querer perfilar tu perfección como queriendo quitarte un poco de protagonismo.
Y por eso me cabreo. Y por eso te digo que me cabreo. Hasta que sueltes la sentencia final y nadie sabrá que añadir.
En cierta ocasión conocí a un gitano yugoslavo, un buen tipo. Nos hicimos amigos. Un día me dijo: "Josef, tú que has viajado durante tantos años sin detenerte nunca, que has conocido a tantas personas y descubierto tantos países y lugares, dime: ¿Cuál es el mejor lugar? ¿Dónde te gustaría vivir?". No contesté. Cuando iba a marcharme, repitió la pregunta. No quería responderle, pero insistía. Finalmente, exclamó: "Ya lo entiendo. No quieres contestar porque todavía no has encontrado ese lugar. Continúas viajando y sigues tratando de encontrarlo". "Amigo -le contesté-, te equivocas. Trato desesperadamente de no encontrar ese lugar".
Josef Koudelka. Fotógrafo de la Magnum.
Ahora ya sabes que vas por buen camino.
¿Una verdad?
No tengas prisa en plantar tus maletas... llegará un día en que te darás cuenta de que ahí donde las tienes guardadas, el trastero, un armario lleno de trastos, debajo de una escalera... estan bien, y que cada vez te da más pereza tocarlas. Ese día estarás en tu sitio, seguro!