¿Te acuerdas de aquellos que ni siquiera llegaron a pasar por tus brazos? ¿De los que se quedaron agazapados detrás de un número de teléfono, de un e-mail?
¿Y de aquellos que se conformaron con el formal apretón de manos, el par de besos al aire o la mirada tensa?
Es raro recordar a los que no fueron ni amantes, ni amigos.