Las mañanas
Podemos morirnos así, metidos en cama, envenenados sin remedio de migas de tostada y vino helado. Sin poner un pie en el frío suelo ni sacar los brazos de debajo de la manta por mucho que suene el despertador. A lo mejor, después, cuando nos descubran estáticos, piensan que estamos dormidos y nos dejan en paz. Apretados. Sólo quiero tener tus manos en mi espalda, y que se nos vaya el calor a los dos a la vez. Y que me sonrías cansado, pero que no cierres los ojos antes que yo. Morirnos de pereza, imbatibles en un refugio de edredones nórdicos, almohadones, frases almibaradas y persianas espesas. A la vez. Por la mañana. Que no merece la pena despegarnos para volver a la noche siguiente buscando la postura más cómoda.



mazo maloso dijo
Caradecona, he cambiado de peich. La anterior me cansaba, pero quiero seguir escribiendo que si no reviento. Hala. Te agrego a los enlaces.
Amenaza: si no escribes con un poquito más de sentimiento, te borro.
Quiero tu opinión sincera. Y no me vengas con remilgos, que te conozco.
8 Mayo 2007 | 07:03 PM