Abdico de este reino de parias que se creen iguales por ser peores, abdico de la mediocridad que supone mantenerse en el centro. No me interesan los grandes logros, pero abdico de este ser sin más, del conformismo asfixiante de las bolsas de Zara. Abdico de mi propia hipocresía, también de los megalómanos, de los falsamente modestos, de los lameculos y de quienes patean cabezas para subir más arriba. Ante todo esto, presento mi dimisión como ser humano pensante, votante y viviente.