El inocente
Se dejaba convencer por todos. Cursos a distancia, depilaciones milagrosas, másters, créditos generosos. Le contagiaban la ilusión como quien coge un catarro. Casas en multipropiedad en la Costa del Sol. Al acabar sus sueños breves -un embargo, un timo masivo por teléfono- se ponía triste, muy triste, y juraba. Pero no pasaba ni un día hasta que le llamaba -la amiga de turno, siempre la misma, sin embargo- para proponerle una cena, y aceptaba, y se ponía la camisa buena y se peinaba a lo moderno. Y al cabo de la noche, volviendo borracho y solo a casa descubría -se golpeaba la frente con la mano derecha- que había sido engañado otra vez. Que el amor no es más -cuándo lo aprendería, tantos años y tan inocente- que la más burda de las estafas.



Aleph dijo
Eres buena, Kira, muy buena.
4 Febrero 2007 | 06:10 PM