No me gusta fumar si no tengo amigos a mano, le expliqué. Sin ellos, el tonto no me sale bien. Y cuando bebo se me derriten los hielos, el whisky me sienta mal y acabo hablando de cualquier cosa con gente que no comprende cómo soy. Así que, sin amigos, sólo puedo hacer lo que ves. Sonreír y tomar café, frotarme las manos. Ser agradable sin pausa. Acabo cansándote y me voy a casa. Y se acabó el suplicio de hoy, que me espera una programación personalizada y todos mis amigos dentro de una pantalla de plasma de treinta y ocho pulgadas. Y me cojo un cenicero y me enciendo un cigarro, y los voy saludando uno a uno, hasta que toca despedida y cierre. Y, de madrugada, tengo que hacerme un colacao y apagar la tele y hasta mañana, vida, hasta mañana living room.