Me bebi la absenta, furiosa por no decir nunca lo que siento hasta que todos hayan hablado por mi.
No le di pena a nadie. Esa noche jure a gritos que nunca, nadie me iba a putear. Creo que todos me odiaban cuando me sente en la acera enfrente del pub, a echar todos mis demonios fuera y a recriminarles a mis (supuestos) amigos que se conformaran con sus vidas de mierda, a Monica, que siguiera con el capullo de su dictador sentimental, a Luis, que no abandonase ya ese trabajo temporal que lo amargaba, a Diana, que hablase del mundo pero nunca fuese a verlo, a Juan, que quisiese de siempre a Diana sin decirlo. Aulle que la juventud es cobarde, que nunca volveriamos a los sesenta, que los heroes estan muertos y nosotros vivimos como cuarentones con hipotecas y todo. Fui todo lo insistente que pude, mientras peleaba con mis tacones y me apoyaba en cada pared del camino.
Al final de la noche, todos tenian lagrimas dentro, y pensaban que era mi culpa y la de la absenta. No, solo era que el hada verde me dijo en secreto que yo los haria felices si les desvelaba sus miserias...