Un tranvía en SP deUnai Elorriaga ( I )
Me levanté del asiento del bus con cierta neblina en la cabeza. Bajé las escaleras con una sonrisa mareada. Subí las escaleras de la estación muy despacio (por una vez llegaba temprano a trabajar), mientras pensaba en P., en la última noche, en cuando tenía nueve años y escuchaba a hurtadillas conversaciones “de mayores”. El viento me levantaba la falda, como si quisiera jugar conmigo, y el bolso me pesaba un quintal. Por dentro, me sentía ligera, amarga, tierna, agridulce. Ya he olvidado cómo expresar mi sensación. Sólo sé que caminaba muy despacio, esperaba en los pasos de cebra, tenía ganas de llorar.
“Estoy cansado le dijo Lucas a Marcos. Marcos le preguntó por qué y le dijo no puedes estar cansado todo el día en la cama. Así mismo le dijo Marcos, que no podía estar cansado todo el día en la cama, y se rió. También Lucas se rió, pero solamente para empatar con Marcos. Y le dijo que no, que no era eso; estoy cansado, quiero decir que estoy como para morirme ya, y siguió diciendo que era conveniente que muriese ahora, no anteayer o ayer, tengo que morirme ahora. Marcos le preguntó por qué lo sabes tan seguro. Lucas dijo que lo sabía y después dijo que lo sabía bien, porque me da igual, porque parecido voy a estar vivo que muerto, muerto mejor igual, porque sin dolor y más tranquilo. Marcos le preguntó dónde le dolía. Lucas empezó a decir de dónde vienen tantas polillas, y se quedó callado y dijo hay cientos. Marcos no veía polillas, pero Lucas le dijo dile a Rosa que venga, que tiene que ver este espectáculo, porque la mayoría de las polillas son normales, pero algunas tienen las alas rojas, y el rojo es el color preferido de Rosa.
Un tranvía en SP
Unai Elorriaga”

