El helado siempre decía: "Sigue jugando".
voy a dejar esto que pienso en el rincón de las cosas tristes.
voy a saltar.
voy a salir corriendo.
Moviéndome despacio entre la química atroz.
La chica judía con el uniforme hasta los pies. Pensar en teléfonos (las líneas de alambre peligroso que atraviesan océanos) y en lo triste de los sonidos de Telefónica, de los pisos barrocos vacíos, de los ascensores que dejan de funcionar. De la asepsia de los pasillos bien barridos.
(Y lo bonitos que son los parques, oye).
Esta procastinación perpetua no me puede llevar a buen puerto. Pero tampoco consigo pararla.
Vete a hacer ejercicio, mueve el culo. Cómete una ensalada. Llama a D y que te dé una de sus charlas terapéuticas.
Y sin embargo, sigo pensando que hay tantas cosas buenas que debo de estar en el valle antes de la Gran Colina de las Cosas Buenas de la que no voy a salir hasta tener el pelo gris. Y por eso me dura tanto esta pesadez mental. Porque estoy caminando hacia alguna parte.
Mientras, suena Hand on your heart de José González. Y se hace de noche en México. Muy despacio.
están revoloteando por fuera de la ventana. No es que sean pocas, pero las veo sólo de cuando en cuando.
Las cosas que hacen que la vida valga la pena aquí son los tacos, las canciones tristes de mariachis, el buen mezcal y los surrealismos diarios. Pero tengo otro montón de cosas cruzando masas enormes de agua. Como los despertares perezosos, como un piso en el que siempre hace frío pero en el que yo siempre tengo calor.
Allá tengo unos brazos esperándome y yo llevo mucho tiempo esperándolos a ellos. Ya no tardo.
Pues claro que han pasado cosas. Me enamoré, para empezar. Acepté un trabajo nuevo. Me mudé tres o cuatro veces. Pensé mucho, tanto que mi profesora de Pilates me dijo al tocarme los dedos de los pies que yo pienso "hasta durmiendo". Mis amigos se dispersaron por ahí, encontraron trabajos, se mudaron juntos, se divorciaron. Empecé a escuchar Beirut y me volví más indiedemierda si cabe, pero a escondidas escuché ese R&B pegajoso que me hace pensar que todo va bien.
Me duché acompañada, desayuné en cama. Vi calles ajenas un poquito enfadada por no disfrutarlas.
Y bueno, pues eso. Lo de vivir podría ser un fotograma de Amélie, pero normalmente es más sopas de verduras y pensar en gimnasios. Eso sí, hay momentos brillantes. Destaco la parte de las duchas y de enamorarme por razones obvias.
a lo mejor no.
Me estoy buscando.
Y todas las sondas, las llamadas, las cartas, con sus sellos y todo (nada), las camas de hospital, las vistas feas desde la ventana -nunca pongas un polígono industrial frente a un hospital-, los abrazos queriendo decirlo y sin decir, el mando a distancia, sopas sin sal, la lenta decadencia de un cuerpo, las partidas de dominó y los solitarios en silencio, las mesas del bar -llenas de humo-, las aceras horribles de la ciudad, el frío en diciembre cuando iba a veros sin ganas, mi carrera, Mi nieta va a ser periodista, y las fotos de la licenciatura, el hola cordial, el belén del año catapún, pocos dulces, el médico, ver atardecer desde un tercero, todo
se acaba

